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Si notas que la maneta de tu freno Shimano tiene un tacto esponjoso, se hunde demasiado hasta tocar el manillar o notas que te falta potencia en las bajadas técnicas, ha llegado el momento de hacer un purgado. Con el uso continuado, el desgaste de las pastillas y los calentones en descensos prolongados, se acaban creando pequeñas burbujas de aire dentro del circuito hidráulico. Purgar los frenos es un mantenimiento básico que puedes hacer en casa en menos de 20 minutos y que te devolverá el tacto seco y seguro del primer día.
Para realizar este proceso de forma limpia y correcta, es fundamental contar con las herramientas específicas. No se recomiendan inventos caseros, ya que el circuito hidráulico es muy sensible a la suciedad:
El aceite mineral destruye por completo el compuesto de las pastillas de freno si llega a tocarlas, dejándolas inservibles. Por ello, el primer paso obligatorio es desmontar la rueda y retirar las pastillas de freno, guardándolas en un lugar limpio y alejado de la zona de trabajo.
Una vez quitadas las pastillas, utiliza un desmontable de plástico para empujar los pistones de la pinza totalmente hacia dentro con mucho cuidado. Acto seguido, coloca el bloque separador amarillo de Shimano y asegúralo con su pasador para evitar que los pistones se muevan durante el proceso.
Coloca la bicicleta en un caballete o asegúrala bien en el suelo. Afloja ligeramente el tornillo de sujeción de la maneta de freno en el manillar y gírala hasta que quede totalmente horizontal respecto al suelo. Esto es clave para que el puerto de purgado mire hacia arriba y el aire tienda a salir de forma natural.
Una vez nivelada, retira el tornillo metálico superior que hace de tapón del puerto de purgado utilizando la llave Allen de 2.5 mm, asegurándote de no perder la pequeña junta tórica de goma que lleva. Enrosca el vaso o embudo de Shimano en ese mismo orificio con cuidado de no trasroscarlo y retira el tapón interior del embudo.
Llena la jeringuilla con unos 20 o 25 mililitros de aceite mineral rosa nuevo. Pon la jeringuilla con la punta hacia arriba y presiona ligeramente para expulsar todas las burbujas de aire que hayan quedado atrapadas en el tubo. Conecta el extremo del tubo de goma directamente en el nipple o puerto de purgado de la pinza de freno de la bicicleta.
Con la llave fija de 7 mm, abre el tornillo de purgado de la pinza girándolo apenas un cuarto de vuelta en sentido contrario a las agujas del reloj. Comienza a presionar el émbolo de la jeringuilla de manera suave y constante. Verás cómo el aceite viejo y oscurecido empieza a subir hacia el embudo de la maneta, arrastrando consigo todas las burbujas de aire del circuito.
En rutas largas de maratón y terrenos con mucho desnivel, el freno trasero sufre un desgaste térmico altísimo que degrada este fluido rápidamente, por lo que realizar esta operación de forma periódica evita pérdidas de potencia críticas en plena bajada.
Cuando el aceite que asome por el embudo superior sea completamente rosa, limpio y dejen de salir burbujas, cierra el tornillo de la pinza firmemente con la llave de 7 mm y retira el tubo de la jeringuilla. Limpia inmediatamente cualquier gota con papel de cocina.
Vuelve a colocar el tapón de varilla dentro del embudo de la maneta para sellarlo, desenróscalo de la maneta y vuelve a colocar el tornillo original del puerto de purgado con su junta de goma. Para terminar, rocía generosamente toda la pinza y la maneta con alcohol isopropílico y limpia con papel limpio. Este paso es vital para eliminar cualquier residuo de aceite antes de volver a montar las pastillas de freno y la rueda. Comprueba el tacto de la maneta, que ahora debería ser firme y reactivo.