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Pocos ruidos son tan desquiciantes en el Mountain Bike como ese crujido rítmico que suena cada vez que haces fuerza sobre los pedales en una subida. En la disciplina de XCM, donde la bicicleta se expone continuamente al polvo, al barro y a los lavados a presión, el eje de pedalier es la zona que más sufre. La buena noticia es que, en el 90% de los casos, este ruido no significa que el pedalier esté roto, sino que necesita un mantenimiento básico de limpieza y engrase.
Antes de desmontar nada, hay que asegurarse de que el crujido viene realmente del eje de pedalier. El cuadro de una bicicleta de montaña (especialmente si es de carbono) actúa como una caja de resonancia brutal, lo que hace que ruidos que se originan en otras piezas parezcan venir del centro de la bici.
Un truco muy efectivo para descartar culpables es pedalear de pie: si el ruido desaparece al levantarte del sillín, el problema no es el pedalier, sino la tija o los raíles del sillín que necesitan grasa. Si el crujido sigue sonando igual tanto de pie como sentado, revisa el apriete de los pedales y de los tornillos de los platos. Si todo eso está correcto, entonces sí: el pedalier es el culpable.
Para solucionar el problema, el objetivo es desmontar las bielas y acceder a las cazoletas del pedalier. Dependiendo de si tu sistema es PressFit (cazoletas a presión) o roscado (como el clásico Hollowtech II de Shimano), necesitarás la herramienta específica para tu modelo.
Una vez retiradas las bielas, el paso crucial es la limpieza absoluta. Utiliza un desengrasante cítrico y un trapo limpio para eliminar hasta el último grano de polvo o arena tanto del eje de las bielas como del interior del cuadro. El menor residuo de tierra actuará como lija y hará que el crujido vuelva en la primera salida.
A la hora de volver a montar, el secreto está en el tipo de grasa:
El eje de pedalier cuenta con rodamientos sellados protegidos por guardapolvos, pero no están diseñados para soportar agua a alta presión. El error más común que destroza los pedalieres en el MTB es limpiar la bicicleta en las gasolineras apuntando directamente con la manguera de agua a presión hacia la zona del eje.
El agua a presión consigue saltarse los sellos, entra en el rodamiento y desplaza la grasa original, sustituyéndola por humedad y suciedad. En pocas semanas, las bolas de acero del rodamiento empiezan a oxidarse, provocando primero el molesto crujido y, a la larga, el gripado del eje. Acostúmbrate a lavar esa zona siempre con esponja y agua sin presión para alargar la vida útil de tus componentes.