Cuando compramos nuestro primer ciclocomputador GPS, ya sea un Garmin, un Wahoo o un modelo más económico, solemos pensar que con llevar ese «ordenador» en el manillar ya tenemos todos los datos que necesitamos. Al fin y al cabo, nos marca la velocidad a la que vamos, la distancia recorrida y el tiempo de ruta, ¿verdad?
Sin embargo, si quieres empezar a entrenar un poco más en serio, cuidar tus rodillas y tener datos precisos de tus rutas por el monte, la señal del GPS se queda muy corta. Aquí es donde entran en juego dos de los accesorios más infravalorados, pequeños y útiles del ciclismo: los sensores de cadencia y de velocidad.
Atrás quedaron los tiempos en los que tenías que llenar tu horquilla de bridas para sujetar un sensor y alinear un pequeño imán en los radios de la rueda. La tecnología actual funciona mediante acelerómetros internos sin imanes, pero las grandes marcas te pueden cobrar hasta 50 euros por cada uno. Hoy vamos a ver por qué necesitas estos datos y cómo puedes equipar tu Mountain Bike con sensores totalmente fiables por menos de un billete de veinte.
¿Por qué necesitas medir la cadencia en Mountain Bike?
La cadencia no es otra cosa que el número de pedaladas completas que das por minuto (RPM). Es un dato fundamental que separa a los ciclistas novatos de los experimentados.
El error más común cuando empezamos en el Mountain Bike es ir «atrancados». Metemos un desarrollo muy duro, bajamos de las 60 RPM y hacemos una fuerza bruta espectacular con las piernas en cada pedalada. El problema de esto es que agota rápidamente tus reservas de glucógeno muscular y somete a los tendones de tus rodillas a una tensión brutal. Cuando llevas dos horas de ruta, tus piernas están vacías y sientes que no puedes mover la bici.
La cadencia óptima (el famoso «molinillo») se sitúa entre las 80 y las 90 RPM en llano, y no debería bajar de 70 RPM en subidas. Al ir más suelto, transfieres el esfuerzo de tus músculos (que se cansan rápido) a tu sistema cardiovascular y respiratorio (que tiene mucha más resistencia). Un sensor de cadencia en la pantalla de tu GPS te avisará en tiempo real si te estás «atrancando», obligándote a subir un piñón para salvar tus piernas y llegar fresco al final de la ruta.
Sensor de velocidad: ¿No sirve ya mi GPS?
Esta es la pregunta del millón. Si el satélite ya sabe a qué velocidad me muevo, ¿para qué quiero un sensor en la rueda? En la carretera, el GPS suele ser suficiente, pero el Mountain Bike es otro mundo.
Piensa en los lugares por los que sueles rodar: cañones cerrados, bosques de pinos muy tupidos o senderos estrechos que zigzaguean constantemente (las famosas «zetas» o switchbacks). En estos escenarios, el GPS de tu manillar pierde la señal del satélite constantemente.
Cuando el GPS pierde cobertura durante unos segundos en una zona de curvas, en lugar de dibujar el sendero real que has hecho, traza una línea recta en el mapa. El resultado es que tu velocidad instantánea en la pantalla se vuelve loca (marca cero y de repente marca 40 km/h) y, lo que es peor, al final de una ruta de 50 kilómetros, tu aparato puede que solo haya registrado 45.
El sensor de velocidad se coloca en el buje de la rueda. No necesita satélites. Mide exactamente los giros mecánicos de tu rueda sobre el terreno. Te dará una velocidad instantánea impecable y clavará la distancia de tu ruta al milímetro, incluso si te metes en un túnel de dos kilómetros.
La magia de los acelerómetros y el modo dual (ANT+/Bluetooth)
Los sensores modernos son una maravilla del minimalismo. Tienen el tamaño de una moneda de dos euros y se sujetan con una simple goma elástica. No hay que alinear imanes. Llevan un acelerómetro en su interior que detecta el movimiento en 3D y una pila de botón (CR2032) que suele durar casi un año entero.
Además, todos utilizan tecnología dual. Emiten por ANT+ (el lenguaje estándar para conectarse a cualquier ciclocomputador del mercado) y por Bluetooth simultáneamente (ideal si en lugar de GPS usas tu teléfono móvil con aplicaciones como Strava, o si haces rodillo en casa y necesitas conectarlo a Zwift en tu tablet).
Opciones fiables por menos de 20€
Pagar 80 o 90 euros por un «pack» de sensores originales de marca tradicional es, sinceramente, tirar el dinero. La tecnología de acelerómetros es tan básica hoy en día que las marcas asiáticas han logrado fabricar dispositivos que funcionan exactamente igual, pesan lo mismo y se conectan a tu Garmin o Wahoo sin el más mínimo problema.
El rey absoluto del mercado en este segmento es Magene. Tienen un invento brillante: un sensor «dual» que sirve para las dos cosas. Si le quitas la pila y se la vuelves a poner, una luz LED parpadea en rojo (modo cadencia, lo pones en la biela) o en verde (modo velocidad, lo pones en el buje). Puedes comprar un par del sensor dual de cadencia y velocidad Magene S3+ en AliExpress por un precio irrisorio y tendrás la bici completamente equipada.
Si no quieres esperar el envío internacional y prefieres tenerlo mañana mismo en casa, en Amazon hay marcas que comercializan exactamente la misma tecnología a precios imbatibles. Te recomiendo buscar los sensores de ciclismo Coospo o XOSS en Amazon. Son pequeños, estancos al agua (soportan lavados a presión) y la vinculación con la pantalla se hace en diez segundos.
El truco definitivo de instalación
Para terminar, un consejo de mecánico: la colocación importa.
El sensor de cadencia ponlo siempre en la biela izquierda (la que no lleva los platos). Ponlo en la cara interior, mirando hacia el cuadro, y asegúrate de sujetarlo con la goma lo más cerca posible del eje del pedalier. Si lo pones muy cerca del pedal, corres el riesgo de golpearlo con el talón de la zapatilla en pleno esfuerzo y mandarlo volando a los matorrales.
En cuanto al sensor de velocidad, la mayoría de la gente lo pone en la rueda trasera, pero en Mountain Bike recoge muchísimo barro de la cadena y del suelo. La mejor ubicación es el buje de la rueda delantera: está mucho más limpio, protegido por la horquilla y la lectura será igual de perfecta.




